
Corte sagital del encéfalo (imagen decorativa)
La enfermedad de Alzheimer, en su fase avanzada, representa el estadio de mayor complejidad y dependencia. Tras años de progresión, la persona afectada pierde gran parte de sus capacidades cognitivas, motoras y comunicativas, necesitando ayuda continua para prácticamente todas las actividades de la vida diaria. Aunque esta etapa es dura, tanto para el paciente como para su entorno, comprender sus características y adoptar estrategias de cuidado adecuadas permite preservar la dignidad y ofrecer calidad de vida.
En esta etapa, la pérdida de memoria es casi total. La persona ya no reconoce a sus familiares ni a su propio entorno. La capacidad de comunicación se reduce a palabras sueltas, sonidos o gestos, lo que genera una gran barrera en la interacción. La desorientación es absoluta y puede coexistir con episodios de agitación o indiferencia.
El deterioro físico también es evidente: aparecen dificultades para caminar, para mantener el equilibrio o incluso para sentarse. Con frecuencia, se llega al encamamiento prolongado. También se observa pérdida de control sobre esfínteres, rigidez muscular, dificultades para tragar y mayor vulnerabilidad a infecciones y complicaciones médicas.
Un aspecto central es la atención a las necesidades básicas. La higiene, la alimentación, el vestido y la movilidad requieren apoyo constante. Es esencial ofrecer estos cuidados con respeto, preservando la intimidad y evitando infantilizar a la persona. El contacto físico afectuoso y la voz tranquila transmiten seguridad, aunque las palabras ya no puedan comprenderse plenamente.
En cuanto a la alimentación, las dificultades para masticar y tragar obligan a adaptar la dieta con texturas blandas o trituradas y a extremar la vigilancia para evitar atragantamientos. Las comidas deben realizarse en un entorno tranquilo, con tiempo suficiente y sin prisas.
El entorno físico debe ser seguro, cómodo y accesible. Una cama adecuada, barandillas protectoras, ausencia de obstáculos y buena iluminación reducen riesgos de caídas o accidentes. La adaptación del hogar se convierte en un elemento clave del cuidado.
A nivel emocional, aunque la memoria y el lenguaje estén muy deteriorados, las personas con Alzheimer avanzado todavía perciben estímulos y emociones. La música, el contacto humano, las caricias, las voces familiares o incluso ciertos olores pueden generar calma y bienestar. La comunicación no verbal cobra aquí una importancia fundamental.
En la fase avanzada, la exigencia sobre el cuidador es máxima. La dedicación constante, la vigilancia permanente y la carga emocional pueden derivar fácilmente en agotamiento. Por eso, resulta imprescindible compartir responsabilidad, recurrir a recursos sanitarios y sociales (centros de día, atención domiciliaria, residencias especializadas) y no dudar en pedir ayuda.
El cuidador debe, más que nunca, proteger su salud física y emocional. Descansar, mantener momentos de respiro y buscar apoyo profesional o en grupos de cuidadores es esencial para sostener el proceso sin caer en la sobrecarga.
Aunque la fase avanzada del Alzheimer marca un deterioro severo, no significa ausencia de vida. El acompañamiento afectuoso, el cuidado respetuoso y la atención centrada en la persona permiten mantener su dignidad hasta el final. Cuidar en esta etapa no consiste en prolongar la enfermedad, sino en aliviar, acompañar y humanizar el día a día de quien transita los últimos capítulos de su memoria.
Dr. Secundino López Pousa
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