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Rincón del experto

Oxígeno hiperbárico en la enfermedad de Alzheimer

Encéfalo.

Corte sagital del encéfalo (imagen decorativa)

El origen de la terapia médica hiperbárica se atribuye al Dr. Henshaw, un médico británico, quien en 1662 colocó por primera vez a pacientes en un espacio cerrado con aire presurizado. Desde entonces, la terapia con oxígeno hiperbárico, es decir, la administración médica de oxígeno al 100 % a una presión ambiental mayor que una atmósfera absoluta, se ha utilizado clínicamente para una amplia gama de condiciones médicas.

La oxigenación hiperbárica permite respirar oxígeno al 100 %, lo que favorece su difusión a través de los pulmones hiperoxigenados hacia los tejidos con déficit de oxígeno, gracias a la alta concentración de O2 en la sangre. Esto logra diversos efectos en el organismo, todos ellos asociados a la corrección de la hipoxia tisular, beneficiando procesos afectados por hipoperfusión.

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En la actualidad, solo hay 14 indicaciones aprobadas para la terapia con oxígeno hiperbárico, como embolia aérea o gaseosa, quemadura térmica aguda, intoxicación por monóxido de carbono, oclusión de la arteria central de la retina, miositis clostridial y mionecrosis (gangrena gaseosa), injertos y colgajos comprometidos, lesión por aplastamiento, síndrome compartimental y otras isquemias traumáticas agudas, enfermedad por descompresión, lesiones por radiación retardada, cicatrización en heridas problemáticas, pérdida auditiva neurosensorial súbita idiopática, absceso intracraneal, infecciones necrosantes de tejidos blandos, osteomielitis refractaria y anemia severa, entre otras. No obstante, en los últimos años ha surgido un interés creciente por sus posibles beneficios en la actividad cerebral, ya que puede inducir neuroplasticidad y mejorar las funciones neurocognitivas en pacientes con lesiones cerebrales postraumáticas o tras un accidente cerebrovascular. Más recientemente, también se ha comenzado a explorar su aplicación en enfermedades neurodegenerativas.

En una reciente revisión, se evaluó el uso de la cámara hiperbárica en indicaciones aún no aprobadas por la Sociedad Médica Submarina e Hiperbárica. Entre estas indicaciones se incluyeron diagnósticos como síndrome post-COVID-19, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, calcifilaxis, congelación, úlceras por enfermedad vascular periférica, y esclerosis múltiple, entre otros. Los resultados mostraron beneficios significativos en la mayoría de los procesos evaluados, destacándose especialmente en pacientes con colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. La respuesta positiva observada en la mayoría de los casos tratados respalda, según los investigadores, la necesidad de continuar investigando en este campo para validar y ampliar las aplicaciones de la terapia hiperbárica en nuevas indicaciones clínicas.

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En el ámbito de la neurología, la terapia hiperbárica con oxígeno ha sido explorada tanto en modelos animales como en humanos, buscando posibles beneficios en afecciones relacionadas con el daño del sistema nervioso central. Se postula que la terapia hiperbárica con oxígeno tiene efectos neuroprotectores y terapéuticos sobre los déficits neuropsicológicos. En el cerebro, la terapia hiperbárica con oxígeno incrementa significativamente la fracción de oxígeno y su concentración en los tejidos, generando una sobresaturación que resulta beneficiosa en situaciones donde la función de la hemoglobina está limitada. En estos casos, el oxígeno disuelto en plasma puede difundirse a zonas inaccesibles para los glóbulos rojos.

El aumento de oxígeno y de la presión arterial asociado a la a terapia con oxígeno hiperbárico aumenta la actividad del sistema nervioso parasimpático, reduce la frecuencia cardíaca y mejora la actividad cardiovascular al mismo tiempo que contribuye a restaurar o modificar mecanismos fisiopatológicos alterados. Estos efectos incluyen la mejora de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, la regulación de la muerte neuronal y la disminución de las respuestas neuroinflamatorias. Además, la terapia con oxígeno hiperbárico favorece la neurogénesis, la integridad neuronal y axonal, y potencia las conexiones sinápticas, lo que podría tener un impacto significativo en la recuperación y tratamiento de diversas patologías neurológicas.

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En el caso de los trastornos neurodegenerativos, estudios realizados en modelos animales predispuestos a desarrollar la enfermedad de Alzheimer demostraron que la terapia de oxígeno hiperbárico mejora las funciones cognitivas, incluyendo memoria y conducta, a la vez que reduce la muerte neuronal en el hipocampo. La terapia de oxígeno hiperbárico así mismo promovió el aumento del diámetro de las arteriolas y elevó el flujo sanguíneo cerebral, contribuyendo a mitigar la hipoxia.  Además, se observó una disminución en la carga de placas amiloides, evidenciada tanto por la reducción del volumen de placas preexistentes como por la atenuación en la formación de nuevas. Este efecto se relacionó con cambios en el procesamiento de la proteína precursora amiloide, una mayor degradación y eliminación de la proteína beta-amiloide y una mejora en el comportamiento de los ratones.

En un estudio más reciente, realizado con ratones predispuestos a desarrollar la enfermedad de Alzheimer, se aplicaron intervenciones consecutivas de terapia con oxígeno hiperbárico durante 3 meses, iniciadas a los 3 meses de edad y evaluadas a los 9 meses (etapa de desarrollo de la enfermedad). Los resultados mostraron que la de terapia con oxígeno hiperbárico a largo plazo atenúa significativamente el deterioro cognitivo, logrando una reducción eficaz en la progresión de la deposición de placas de beta-amiloide, la agregación de proteína tau hiperfosforilada y la degeneración neuronal y sináptica.

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Además, se observó que esta terapia mejora los niveles de saturación de oxígeno en sangre, así como la estructura y función vascular, y reduce la neuroinflamación en los ratones con enfermedad de Alzheimer. Este estudio demuestra que la intervención con terapia con oxígeno hiperbárico a largo plazo, aplicada en las etapas tempranas de la enfermedad, puede atenuar tanto el deterioro cognitivo como las patologías características de la enfermedad de Alzheimer.

Asimismo, la terapia con oxígeno hiperbárico ha mostrado resultados prometedores en modelos animales de enfermedad de Parkinson inducida por sustancias tóxicas. En estudios con ratones tratados con MPTP (con 1-metil-4-fenil-1,2,3,6-tetrahidropiridina), se observó una disminución significativa en la actividad locomotora y la fuerza de agarre, efectos que mejoraron tras la administración de terapia con oxígeno hiperbárico. Este tratamiento logró atenuar la pérdida de células dopaminérgicas y restaurar la expresión de tirosina hidroxilasa en el mesencéfalo, destacando su potencial terapéutico en la enfermedad de Parkinson.

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En una revisión reciente, que analizó diversos estudios realizados a nivel mundial sobre la utilización del oxígeno hiperbárico en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, se incluyeron 11 estudios con un total de 847 participantes. Este metanálisis aportó evidencia de que la intervención con oxígeno hiperbárico ofrece beneficios significativos en la mejora de las puntuaciones cognitivas y de las actividades de la vida diaria. Además, los estudios sugieren que el estrés oxidativo y la inflamación son factores clave en el desarrollo y progresión de la enfermedad de Alzheimer. En este contexto, se observó que niveles reducidos de superóxido dismutasa y niveles elevados de malondialdehído contribuyen a agravar la apoptosis neuronal, así como los déficits de aprendizaje y memoria espacial. Concluyen que los resultados indican que el tratamiento con oxígeno hiperbárico puede mejorar de manera notable ciertos marcadores de la función cognitiva, evaluados mediante pruebas cognitivas y de la vida diaria de personas con enfermedad de Alzheimer posiblemente al disminuir los marcadores de estrés oxidativo y las citocinas inflamatorias presentes en sangre.

En una recopilación de estudios que evaluaron la eficacia de la terapia con oxígeno hiperbárico como tratamiento complementario para los trastornos del sueño en pacientes con enfermedad de Parkinson, se observó que esta terapia puede tener efectos beneficiosos. Dado que la enfermedad de Parkinson suele estar asociada con trastornos del sueño que interactúan con otros síntomas motores y no motores, como fatiga, ansiedad, depresión y deterioro cognitivo, los resultados de estos estudios indican que los pacientes tratados con oxígeno hiperbárico experimentaron una mejora en la estabilidad del sueño. Además, estos beneficios podrían contribuir a mejorar la función motora y potencialmente ralentizar la progresión de la enfermedad.

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En cuanto a la seguridad, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la incidencia de eventos adversos comunes (como diarrea, dolor de cabeza, dolor de oído e insomnio) entre el grupo tratado con oxígeno hiperbárico y el grupo que recibió tratamiento médico convencional. Además, las personas con enfermedad de Alzheimer no sufrieron efectos adversos graves (barotrauma del oído medio, convulsiones o hemorragia pulmonar), por lo que parece una terapia segura para estas personas.

Aunque la terapia hiperbárica con oxígeno es generalmente bien tolerada, existen eventos adversos y riesgos asociados a los cambios en la presión atmosférica, la exposición al oxígeno hiperbárico y la ansiedad por el confinamiento durante el tiempo del tratamiento. Entre las complicaciones más comunes se encuentra el barotrauma del oído medio, con una incidencia aproximada del 10 %. En pacientes intubados e inconscientes, pueden presentarse eventos como pérdida temporal de conciencia y convulsiones generalizadas. En personas con afecciones cardíacas, existe un riesgo de hipotensión. A nivel ocular, los tratamientos prolongados pueden ocasionar miopía transitoria. A pesar de estos posibles efectos adversos, la terapia hiperbárica con oxígeno se considera un procedimiento médico de bajo riesgo cuando se aplica en pacientes cuidadosamente evaluados.

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Aunque es necesario realizar más investigaciones para confirmar la eficacia del oxígeno hiperbárico en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson, los estudios realizados en modelos animales y en pacientes sugieren que esta intervención podría ser eficaz y segura para ambos trastornos. Existe evidencia científica que indica que, en los procesos neurodegenerativos, las neuronas presentan mayores demandas energéticas, y un suministro continuo de oxígeno podría ser útil, especialmente en las fases iniciales de estas enfermedades, para prevenir su progresión. Además, el oxígeno hiperbárico ha mostrado beneficios en la mejora de las funciones cognitivas y la calidad de vida en personas con enfermedades neurodegenerativas, actuando a través de diversos mecanismos terapéuticos.

Dr. Secundino López Pousa

Cómo citar esta página:

López Pousa S, Lombardía Fernández C. El rincón del experto: La cámara hiperbárica en la enfermedad de Alzheimer [en línea]. Circunvalación del Hipocampo, febrero 2026 [Consulta: 4 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.hipocampo.org/rincon-del-experto/ExpertCase0066.asp.

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Última actualización de esta página: 2-2-2026.
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